Al final del día muchas veces no podemos recordar a ciencia cierta todo lo que hemos hecho sin equivocarnos o mentir.
Siguiendo esta dinámica a lo largo de los años todo se vuelve imaginario.
Cuando se junta mi familia en navidades o en alguna otra fecha de estas en las que se juntan las familias, resulta divertido ver como las distintas versiones de una misma anécdota intentan ponerse de acuerdo para que parezca verdad. Ninguno se da cuenta que nadie les esta acusando de nada.
Trazamos una línea muy fina entre lo que consideramos verdad y LA mentira. Con todos los demás nombres abstractos sobre cosas intangibles hacemos exactamente lo mismo.
Es extraño como intentamos bipartidirlo todo para resulte más sencillo: bonito/feo, blanco/negro, sucio/limpio, verdad/mentira…
Siempre me he preguntado si lo más lógico no seria lo contrario dada nuestra naturaleza poliédrica. Al tener nosotros diferentes caras no definidas que mostrar, ¿No seria más fácil entender un mundo donde las explicaciones de los porqués y todo lo demás tuviera también diferentes caras según el momento a escoger?


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