Friday, August 5, 2011

GHOST IN THE SHELL

Como ir a ver una pelicula al cine de la que ya conoces el final antes hasta de entrar y sentarte. A veces la vida es asi. Empiezas cosas que ya sabes como van a acabar, lo llevan escrito en fluor y hay un tipo bajito con una vara metalica, dandote golpes a cada segundo que pasa en la espinilla derecha, para que te acuerdes bien.

Pero antes de llegar al conocido desenlace hay mucho por contar. Sobretodo fantasmas.

Una vez conoci un pescador ex-adicto a la heroina. Segun me contaba habia participado en la guerra de Mozambique. Ahi empezo todo. Se aficiono a las drogas para no ver los fantasmas que le perseguian, de la gente muerta, de los vivos, de todo lo que existia ahi dentro y fuera de ello.
Cuando hecho trizas fisica y mentalmente entendio que la droga misma se convertia en un baul enorme lleno de alimento para todo tipo de visiones se fue a los bosques y vivio en una cueva. Comia lo que encontraba, dormia donde podia, miraba al cielo, a los bichos, lloraba, le dolia todo, tocaba la flauta, queria morir y oler la hierba despues de una siesta en medio de la nada forestal.
Ahora vive en Portugal. Ha recorrido medio mundo, tiene dos hijos y cuida de un camping en la costa. Tambien es musico y conoce desde embajadores hasta al mendigo de la esquina.

Este hombre me acogio en su casa y me abrio su corazon sin pedirme nada a cambio.
No me acuerdo de su nombre. En sus fotos de joven era terriblemente atractivo. El primer dia comimos gambas.

Cuesta mantener las puertas abiertas, la confianza es un bien escaso y la gente hace lo mismo que con los muebles de la abuela. Lo tira todo a la basura y se compran cosas en el Ikea.

Es ahi cuando salen los fantasmas y te atacas con preguntas y tu cerebro se convierte en un spaghetti al que mecanicamente das vueltas con el tenedor. Te das cuenta que te has metido en medio de una guerra que quizas no estas preparado para ganar. Alguien te la ha jugado y solo esperas que paren los disparos para ir a tu cueva a refugiarte, dormir, llorar, mirar los bichos, morir de dolor, mirar el cielo y si hay suerte sentir el verde del campo filtrarse en tu cuerpo y sentirte como en un anuncio de detergente:  no mas joven pero si mas puro.




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Yo se que usted cree que comprende lo que piensa que acabo de decir. Pero no estoy segura de que usted se haya dado cuenta de que lo que acaba de escuchar no es lo que yo queria decir.