Igual que en los aeropuertos, en las relaciones hay momentos de fatiga extrema en los que la gente grita, dice cosas que no debería y se acaba dando la culpa a quien menos se lo merece.
Si ocurre algún imprevisto en el aeropuerto las azafatas regalan cheques comida e intentan que la gente no alce mucho el tono de voz. En la vida de pareja cuando se llega a ese punto no hay mediadores así que uno de los dos tiende a tirar la toalla y seguir con su vida; en la vida real no hay cheque comida ni compensación alguna, no tenemos oficina en Liverpool a la que reclamar.
No hace tanto la gran mayoría habrá tenido oportunidad de ser carne de aeropuerto: kit kat para comer, suciedad, horas muertas leyendo el cuore en inglés o pasando siempre la misma pagina de ese libro que ya nos leímos hace 5 horas, y ciudades extrañas a las que nos gustaría ir de vacaciones pero de las que solo podemos ver el duty free...
Además de estos inconvenientes muchas maletas fueron extraviadas por cambios de vuelo a última hora, cancelaciones, mal tiempo...
Mi maleta apareció por fin al cabo de 8 días de vagar entre Varsovia, Frankfurt y Barcelona. Esta magullada, tiene una abolladura en la parte delantera y ya no brilla como la primera vez que nos embarcamos juntas en nuestra aventura neoyorkina ahora hará 5 meses. Cuando la recuperé sentí un ligero resquemor y pienso reclamar a la compañía por el trato que le han dado, siento que no es la maleta si no algo que yo veo en ella. Sé que me tomarán por loca como muchos de vosotros haréis y dejaran mi queja con las correspondientes fotos en la bandeja de entrada junto a muchas otras que ahora mismo deben tener.
Seguro que más importantes.
Lo que muchos no entienden es que cuando nos pierden una maleta nos sentimos perdidos sin nuestros objetos cotidianos. Porque pensamos que siempre van a estar ahí.
Cuando una relación empieza el interminable proceso del fin te das cuenta de la dependencia creada por el grado de resquemor y las ganas de reclamar que entran pero no hay cheque comida, no hay atención al cliente, no hay compensación alguna.
Si hay que ir pensando en prescindir de esa cotidianidad compartida debes hacerte a la idea que nunca jamás volverá. Es tan fácil como decir se ha perdido?


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