A los novios los puedes clasificar como un must de temporada: en 2006 los 80’s habían renacido (otra vez) y nos torturaban con premeditación y alevosía; 2007 se decantó por los vestidos joya dejándonos un 2008 en que los estampados florales mezclados con prints salvajes prevalecieron en una colección en que Nicholas Guesquiere supo mezclar la inocencia de las flores con una estructura que parecía más la armadura de Juana de Arco que un vestido para cocktail. 2009 ya fue otra cosa, con este pequeño crack que estamos viviendo gracias a que otros se han estado hinchando los bolsillos a base de bien durante muchos años. En ese año vivimos tiempos de sobriedad sexy de la mano de Jil Sander (entre otros) pero al llegar a 2010 solo hay un nombre que pueda interesar por encima de todo lo demás: Alexander McQueen nos sacó del tedio con colecciones de infarto y medio para matarse poco después. Sus razones tendría que a él le parecerían bien pero lástima, un 2011 sin él no será tan audaz.
Pondría la mano en el fuego que si nos sometemos a repaso odiaremos no solo nuestros looks sino también nuestras parejas del momento. No digo que todos sean dignos de apretar la tecla borrar y hacer ver que siempre hemos llevado pantalones pitillo con camisetas de American Apparel y nuestro novio recién sacado de un anunciodecochesconbandasonorade foreveryoung incluida colgadodelbrazo con su caféparallevar ylas rayban escuchandolomejordelomejorensuipod.
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.
Siempre he pensado que para llegar a Jennifer Conelly primero hay que pasar por Avril Lavigne y parece ser que nadie se acuerda del vestido rosa con bambis ALL OVER que lucía Lily Allen hace pocos años ahora que es la nueva cara de Chanel...
Es normal tener novietes basura a veces y acabar llevándote mal con ellos cuando descubres lo mal que se lo montaban contigo (y a veces con alguna otra de más) igual que es normal que llevaras esa falda-tutú verde con corpiño y mil collares cuando estabas loca por Madonna y los 80’s (2006) te parecían lo más.
Pero las amigas pertenecen al fondo de armario, son esa petite robe noir que siempre te salva, en cualquier ocasión. Hasta que un día descubres que la tela esta roída, las costuras deshilachadas y hay una mancha de las olimpiadas del 92 de la que no te habías dado cuenta. Estas cosas las sueles descubrir cuando tienes una cena importante, nada que ponerte y muy poco tiempo para improvisar. Obviamente te pones algo con lo que te sientes insegura y la cena sale mal.
Vestido a la basura. Meses de desconcierto estilístico. Grandes Arghs inmortalizados en Facebook gracias a la era digital. Una pequeña brecha abierta que no se borra ni se cerrará jamás.


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